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| El soldado Del Castillo recibió dos puñaladas |
Tras la agresión los jóvenes corrieron
a refugiarse, primero en la iglesia de San Francisco y luego en el convento de
San Antón (Clarisas). Según el fuero y las leyes eclesiásticas, los militares
no podían detenerlos en recinto sagrado sin autorización. Enfurecidos, los
soldados perdieron la paciencia e ignoraron la autoridad del padre Guardián,
asaltaron el convento y se llevaron por la fuerza a los jóvenes. El clero local,
ante lo que consideró una violación flagrante de su fuero, dictó la excomunión
inmediata de la tropa que intervino en el arresto, como recogió la denuncia que
el estudioso Ángel Jiménez Biurrun halló en los archivos.

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