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| En la corte llegó a haber hasta 34 amamantadoras |
Un grupo de nodrizas al servicio de la reina Blanca se
esforzaba hace justo 600 años por sacar adelante en Olite/Erriberri a la
infanta Leonor, cuarta en el orden de sucesión que se convirtió en el ojito
derecho de su padre, el usurpador Juan II de Aragón, y finalmente tuvo un
efímero reinado de dos semanas.
Normalmente
las encargadas de cuidar a los hijos de los reyes eran mujeres que mientras
amamantaban a estos bebés ajenos tenían prohibido mantener relaciones con
hombres en la creencia de que su leche se podía volver amarga e incluso
venenosa, según la creencia de la época.
La
historiadora Vera Cruz Miranda ha estudiado recientemente la presencia femenina
en la corte navarra y por ella conocemos que el grupo que cuidó de Leonor
estuvo formado por Johana de Artajona, María Miguel, la pamplonesa Francesca
Miguel de Guérez, Marina de Torres, Gracia de Berbinzana, la sangüesina Sancha
Uriz y la tudelana Páscoa.
Estas
mujeres, en pleno periodo de lactancia de sus propios vástagos, dejaban sus retoños al cargo de sus maridos mientras
permanecían incluso años en la corte olitense al cuidado de los infantes.
A las amas
de cría se les exigía tener abundante leche y ser “bien complidas, et sana, et
fermosas, et de buen linaje, et de buenas costumbres”. En el medievo creían que
la leche materna, además de salud, transmitía virtudes físicas y morales.
En el palacio de Carlos III se contabilizaron
hasta 34 nodrizas al servicio de todos los hijos e hijas del rey. El trabajo,
además, solía presentar una oportunidad de ascenso social al que arrastraban a sus
parejas.