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| Dibujo de la hija de Carlos III |
Carlos
III concertó en 1402 y posiblemente desde Olite el matrimonio de su hija la princesa
Blanca con el rey de Sicilia y heredero de la Corona de Aragón, Martín
el Joven. Desde el siglo XIII la isla había sido lugar de asilo de los enemigos
de Francia y, por ejemplo, allí habían recalado varios paisanos después de la
guerra de la Navarrería y sembrado el lugar de apellidos como Asiain,
Caparroso, Olleta o Jiménez de Aibar, según la medievalista italiana Laura
Sciascia.
El
castillo de la ciudad de Catania acogió el 21 de mayo un matrimonio por poderes
en el que la novia estuvo representada por su hermano bastardo Leonel acompañado
del merino de Olite, Diego Martínez de Baquedano. Blanca desembarcó en Sicilia
el 9 de noviembre acompañada del caballero Augerot de d'Uhart, del sirviente
del palacio olitense Juan de Domezáin, el escudero de su padre García Martínez
de Peralta, Lope de Yárnoz y su mujer María Ruiz de Úriz, el servidor de la
princesa Floristán de Mauleón, Juan de Dicastillo y Anthonico de Olite de la
capilla de Carlos III, entre otros del séquito. El 26 de diciembre se celebró
la boda.
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| Mapa de la zona |
La
vida de Blanca en Sicilia no fue fácil. Cuando en 1409 murió su esposo quedó
sola, sin descendencia y el gobierno de la isla volvió a su suegro el rey aragonés.
Blanca, de momento, siguió de regenta. La muerte del monarca de Aragón en 1410,
también sin heredero directo, enredó todavía más su posición.
Sola, con
apenas apoyo de la nobleza siciliana, Carlos III ordenó desde Olite que partiera
una embajada de naturales para consolarla, “por tal que ella sea servida y
acompañada a ésta su necesidad de gentes de la nación...”. Al frente se
puso otra vez el merino olitense Diego de Baquedano, con Beltrán de Berian y
doce ballesteros.
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| Imagen de Blanca |
Todo era
poco “considerando que la reina de Sicilia, nuestra muy cara y muy amada
hija de mi dicho señor (Carlos III) y nuestra, la infanta doña Blanca está en
extraño reino y entre gentes extrañas y que no hay nadie que la consuele ni que
haga, al presente, a su placer ...”, ordenó su madre la reina.
De
regreso de París a Olite, Carlos III pasó por Barcelona para hablar ante las
cortes catalanas. El monarca, según el historiador Salvatore Fodale, se quejó
del mal trato que su hija recibía en Sicilia, donde vivía “en muy arta e
estreta vida” y era tratada “muy dura y asprament”, lo que incluso
le habría provocado un aborto “por lur mala intencion”.
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| Patané le dedicó un capítulo de su libro |
Las
gestiones para sacarla de allí dieron, por fin, fruto en 1412 y Blanca quedó
liberada de su responsabilidad. Carlos III preparó con cuidado el regreso de su
sucesora. Pedro Martínez de Peralta acudió con una escolta hasta la isla. Otra
delegación navarra salió a recibirla en Barcelona.
A
principios de septiembre de 1415 Blanca ya estaba en Olite, desde donde dispuso
una peregrinación al cercano santuario de Santa María de Uxue. En
agradecimiento ofreció una corona de oro a la Virgen. Diez años después, tras
la muerte de su padre y con una edad de 35 años, Blanca sería investida reina
de Navarra.
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| Recreación en el claustro de Olite |
Paradojas
de la historia, la salida de Blanca de Sicilia fue seguida de un sometimiento del
territorio a la corona aragonesa y el abandono por parte de los sicilianos de
cualquier ilusión de alcanzar la soberanía. Mucho más tarde, su recuerdo
persistía.
En el
siglo XIX, escritores como Giuseppe Beccaria elevaron a Blanca a la categoría
de heroína de “Risorgimiento” italiano, de su independencia y unidad,
según escribió Alfio Patanè en el libro “I Moncada in Sicilia”, sobre la
administración política de la isla entre los siglos XV al XVIII, con un
capítulo dedicado a Blanca de Navarra que con dificultad gobernó el territorio
13 años.