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| Carlos y María, camino del Chupinazo en 2024 |
Me gustaría recordar a Carlos Ardanaz Baigorri camino del
cielo un 13 de septiembre de 2024, como en esta foto, cuando marchaba alegre a
lanzar el Chupinazo de fiestas de Olite/Erriberri con su inseparable María
García, todos bien guapos y reivindicativos con los enfermos de ELA.
Porque la vida
de Carlos y María es (no fue) una historia sobre todo de amor. De una pareja
disfrutona. Que en cuanto él colgaba la paleta y ella la bata cogían la
camioneta y se plantaban en Zarautz o Getaria. Que superaron como pudieron el
accidente que dejó a él tuerto en el andamio, que campeaban la vida arropando a
sus hijos y luego los nietos… En fin, como cualquier currante que nos
enfrentamos sin red al destino de las dificultades que son peores para los que
menos atesoran.
También fueron distintos a la
hora del mayor golpe, enfrentarse al diagnóstico fatal del ELA que a los 57
años puso en marcha la cuenta atrás de un reloj que avanza aunque que te quiera
todo el pueblo, te pongan el pañuelo de honor de Olite, te elijan para abrir
las fiestas u organicen conciertos y partidos del Erri Berri para aminorar todo
lo que te viene encima.
Diferentes también porque lo
primero que hicieron al conocer el límite fue viajar ya en silla de ruedas a Pompeya
y a Florencia, que era un asunto que María tenía guardado en su libreta. Un
cuadernillo que luego comenzó a llenarse de visitas al especialista, al tribunal
laboral al que le tenía que implorar para que le prorrogaran la excedencia. Porque
ella quería cuidar a Carlos, pero no llegaban las ayudas. Con rabia porque lo
que prometían en el Congreso, lo que incluso aprobaban, no se materializaba.
Y así en los últimos meses canalizaron
su amor en la lucha contra la enfermedad. Y como la verdad no se puede esconder
y sale clara por la boca, se convirtieron en portavoces espontáneos de los enfermos
en Navarra. Y fueron al Parlamento y salieron en la tele y llenaron los periódicos
y las radios, con un mensaje hiriente que penetraba hasta el corazón del mayor indolente.
Siempre Carlos enfundado en la camiseta de Osasuna (beti izan zen nafar zintzo
bat). María, al lado.
No quisiera que los buitres del
oportunismo político arañaran con sus garras una historia tan pura. Porque
Carlos ahora vive en María y en nosotros cuando recordemos su cariño. Esta semana él
dijo que ya no aguantaba más. Firmó el adiós junto a quién más quiso. Lo demás
es respeto. Y, claro que sí, ayudas cuanto antes para los enfermos de ELA, como
parece que se han agilizado ya tras el último llamamiento de Carlos y María. El
amor también gana batallas. Su funeral es este miércoles en Santa María (19 h).
Betiko argia.