Los fotógrafos que hace 100 años retrataron el Palacio de
Olite/Erriberri aparentemente registraron su decadencia antes de la
reconstrucción. Normalmente tomaban planos generales de la enormidad del castillo.
Sin embargo, una apreciación más pausada en imágenes de la Fototeca de
Navarra descubre detalles que han pasado más desaparecidos, como grupos de
habitantes que habitualmente merodeaban cerca de las ruinas.
Gracias al
acercamiento que permiten técnicas digitales, las viejas fotos revelan que al
lado de los muros desmoronados vivían personas que conducían mulos a un
abrevadero, mujeres que secaban la ropa o txikis que revoloteaban y que bien podrían
ser nuestros abuelos o bisabuelos. Es como buscar a Wally pero hace más de cien
años*
.- ¿Dónde está Wally? fue una serie de cuentos creada
por el dibujante británico Martin Handford en 1987. Entre las
páginas ilustradas había que encontrar al personaje de Wally en escenas con
miles detalles que despistaban al lector.
El Palacio de la Diputación de Navarra, actual sede del GN,
acogió hace ahora cien años una exposición con los planos y memorias de los tres
proyectos que se presentaban al concurso para restaurar las ruinas del castillo
de Olite/Erriberri. Cientos de pamploneses y otros navarros se pasaron por las
galerías de la sede del ejecutivo foral para ver los trabajos.
Los
proyectos expuestos en Pamplona/Iruña aquellas primeras semanas de agosto de
1924 estaban firmados por los hermanos Yárnoz Larrosa, Javier y José, con el
nombre “Lome de Tornay”, como el afamado escultor de la corte medieval olitense,
y que ganó al final el concurso.
También se
presentaron otros trabajos igualmente interesantes pero que, como es lógico,
trascendieron menos, como el de Regino Borobio Ojeda y el olitense Leopoldo
Carrera Díez, premiado en la exposición de Bellas Artes de 1927, que tenía como
lema “Castrum forte-Regumque domus”. El tercero en liza fue el de José Alzugaray
Jácome, que concurrió con el título “Bonne Foy”, lema del rey Carlos III.
La Diputación
delegó en la Academia de San Fernando para que señalara el mejor y al año
siguiente notificó que el cargo de restaurador del Palacio Real debía recaer en
José Yárnoz, firmante del proyecto ganador.