sábado, 7 de febrero de 2026

YA NO HAY ARRIEROS NI FERIAS COMO AQUELLAS DE TAFALLA

Vicente Garbayo, premio al mejor arriero de la feria
Las ferias de Tafalla, como las que se celebran este fin de semana, solían congregar a gente de toda la comarca y muchos de Olite/Erriberri caían por la localidad vecina desde la alborada para comprar injertos, frutales, herramienta de poda o ganado, que en el siglo pasado se pagaba a toca teja y movía fajos de billetes que trasegaban de mano en mano y podían acabar encima del tapete del casino y el bolsillo de algún tahúr del Cidacos. 

Mi padre compraba pasteles para mi abuela, pero no llegaban a casa porque con los amigos daba cuenta de los dulces en el tren que a última hora bajaba de vuelta. Hay que decir que la Felisa se lo agradecía igual, si es que se enteró alguna vez de aquella etérea intención que él pregonaba como anécdota de fin de feria.

            Hubo un tiempo en el que el ganado equino fue el eje y desde el Pirineo llegaban pottokas que se cruzaban con ponis que vendían los tratantes valencianos, que se hospedaban en Tafalla toda la semana. Animaba la feria, la de febrero y la de octubre, una legión de gente del campo que disfrutaba mucho de aquellos encuentros, como si encontraran en una todas las plazas de los diversos pueblos.

Gozaban, y mucho, de unos desaparecidos concursos de arrastre de piedra con mulas y yeguas, como el de la foto, donde se medía la fuerza de los animales y la pericia de un oficio finiquitado, el de arriero, en el que destacó con el primer premio el olitense Vicente Garbayo Lacarra al ramal de la caballería de su amigo Bajén que empujó una piedra de 500 kilos por el albero de la plaza de toros. ¡¡ Qué tiempos, qué ferias !!, sueña aún despierto Vicente con 95 años a sus espaldas.

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