A penas han llegado a nuestros días testimonios de las viejas dantzas que bailaban nuestros antepasados. Una de las que no queda ni rastro, pero dejó huella escrita, es la que tenía lugar en la iglesia de los Franciscanos de Olite/Erriberri todas las nochebuenas, a la hora de la Misa del Gallo, y que tenía por protagonista a los pastores del pueblo que danzaban ante un Niño Jesús que bajaba del techo dentro de un ingenio mecánico en “forma de alcachofa“. El religioso Celso González, en 1915, y los investigadores navarros José Mª Iribarren y José Mª Jimeno Jurío, más tarde, recogieron en sus libros esta antigua costumbre que no ha tenido continuidad en Olite ... (Ver más)
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jueves, 23 de diciembre de 2010
BAILE DE PASTORES EN LA MISA DEL GALLO DE NOCHEBUENA
A penas han llegado a nuestros días testimonios de las viejas dantzas que bailaban nuestros antepasados. Una de las que no queda ni rastro, pero dejó huella escrita, es la que tenía lugar en la iglesia de los Franciscanos de Olite/Erriberri todas las nochebuenas, a la hora de la Misa del Gallo, y que tenía por protagonista a los pastores del pueblo que danzaban ante un Niño Jesús que bajaba del techo dentro de un ingenio mecánico en “forma de alcachofa“. El religioso Celso González, en 1915, y los investigadores navarros José Mª Iribarren y José Mª Jimeno Jurío, más tarde, recogieron en sus libros esta antigua costumbre que no ha tenido continuidad en Olite ... (Ver más)miércoles, 25 de agosto de 2010
"FORZUDOS Y POETAS DE MI PUEBLO"
Siempre nos ha ido el júbilo y la apuesta. Quizá tenga algo que ver el clima extremo, muy caliente o muy frío, sin intermedios, y su influencia mimética en el carácter recio del paisanaje. Olite ha dado vecinos alegres, físicamente fuertes, curtidos al sol que en agosto abrasa rastrojos y en septiembre colorea las uvas. Semejantes duros, por mor de un trabajo severo y antaño, sobre todo, campesino. Labriegos con mentalidad arada a golpe de esfuerzo, de economía espartana y un sentido del humor especial, de poeta de aldea, de frescura surgida de la ocurrencia hábil que hoy se marchita y que, algunas veces, reaparece en forma de chispa en las fiestas de mi pueblo ... (Ver más)
miércoles, 18 de agosto de 2010
"LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE UJUÉ"
Aquel niño de siete años había nacido en Corea, pero tenía el cabello rubio del sol que apura el verano, unos ojos pillos con destellos esmeralda y la cara rechoncha de la felicidad ingenua. Se parecía más a un guiri que a un japonés y, sin embargo, había venido al mundo en casa de su abuela de Olite, en el barrio de Corea.La barriada tenía poco que ver, salvo el nombre, con el país del sudeste asiático del que había robado el apelativo a cuenta de una guerra que libraron los nativos orientales cuando en la ciudad del Castillo se construían unas “casa baratas” que inauguró Franco a mediados del siglo pasado. Un dictador generalísimo que llegó al pueblo con gorra de plato y repartió a los labriegos hogares de corral amplio ... (Ver más)
lunes, 17 de mayo de 2010
STA. BRÍGIDA, UN POCO DE IRLANDA EN OLITE
Los olitenses se echan al Monte Encinar este sábado 22 para celebrar la romería a la ermita que en la localidad tiene dedicada la abadesa irlandesa Brígida de Kildare, una costumbre de la que hay datos documentados desde 1319 y que se ha convertido en una de las fiestas populares con más sabor de la ciudad del Castillo.Peregrinación de reyes, voto contra las plagas, plática para que las cosechas abunden o mera excusa para hermanar parroquianos, todo eso y más ha sido a lo largo de los siglos la romería a esta santa cuya advocación, al parecer, trajeron a estos pagos pobladores llegados del norte de Francia durante la Edad Media.
La jornada, que este año coincide con el día propio de la romería, el 22 de mayo ... (Ver más)
martes, 2 de febrero de 2010
SAN BLAS, DÍA DE ROSCOS Y CIGÜEÑAS
Este miércoles 3 de febrero es san Blas, fiesta de roscos y rosquillas que combate las enfermedades propias de los males de garganta y que anuncia la llegada de las cigüeñas a la torre del Parador, aunque estas aves migratorias cada vez aparecen antes por Olite y se cargan así, por mor del cambio climático, el refrán que hace mención a un santo dulce y cigüeñero.La Iglesia celebra san Blas con una bendición de alimentos que, por ejemplo, llena de puestos de dulces las inmediaciones de la parroquia de San Nicolás de Pamplona. En Olite se ofrecen en la misa que a las 10 de la mañana hay en San Pedro y por la tarde, a las 19,00 horas y en Santa María, se vuelven bendecir, a golpe de hisopo, roscos plagados de “anisicos”, pastas caseras y hasta frutas que llevan las abuelas y madres en bolsos cargados a reventar.
Los chavales suelen colgar de su cuello enormes roscos a los que han atado un lazo y que normalmente, tras la misa, no llegan sanos a casa. La culpa suele tenerla un desventurado tropiezo que los hace añicos o un indiscreto mordisco antes de tiempo que dentella la perfección circular para saciar la txirrintxa.
“En san Blas, la cigüeña verás” es el refrán típico de cada 3 de febrero, un aserto que ya no se cumple porque los meses de invierno son más cálidos que antaño y ahora las aves zancudas llegan antes a Olite. Este año, por ejemplo, aparecieron en enero en la torre del Parador donde anidan.
martes, 1 de septiembre de 2009
LA EVAPORACIÓN DEL GAS
Ya no hay en las fiestas de Olite tabernas con gas. Los sifones y gaseosas prácticamente se han esfumado de la barra. Si acaso malviven, acomplejados, en un rincón de la cámara frigorífica del bar. Apartados en un txoko oscuro para que nadie los vea. Los mejores lugares son ahora para elegantes vinos, reservas y crianzas, que se toman en estado puro, sin que se le ocurra a nadie contaminar su sangre roja con la burbuja proscrita.Hoy no hay txikitero que se atreva a pedir al barman un vino con gas y menos un tinto “mojado” como se echaba antes. El “agua con hipo”, como la definió Ramón Gómez de la Serna, ya no se lleva y, sin embargo, hubo un tiempo en el que bautizaba buen número de caldos y reinaba en las fiestas ... (Ver más)
martes, 25 de agosto de 2009
LA PELOTA EN OLITE, UN DEPORTE INMEMORIAL
En estos tiempos en los que el deporte por antonomasia, el fútbol, se ha convertido en sus altas esferas en un juego de euro millonarios que corren detrás de un balón conviene recordar que en nuestra ciudad se han practicado otras destrezas sin que necesariamente la habilidad haya tenido que importarse hace cien años de Inglaterra. El juego de la pelota a mano ha contado desde siempre con un grupo de seguidores que solían disputar su pericia en las fiestas patronales, una afición que hunde las raíces en la Edad Media y que Olite posee el privilegio de tener uno de los pocos documentos navarros que certifican su práctica ya en el año 1408 ... (Ver más)
martes, 23 de septiembre de 2008
EL RESCATE DE "EL PELAYO"

El Cidacos es un río chiquito que se despierta gigante cada medio siglo. Hace ahora 65 años, el 21 de septiembre de 1943, el Calendario Zaragozano auguraba lo de siempre: frío en invierno y calor en verano. Así que nada hacía sospechar el chandrío que acechaba. Recién habían terminado las Fiestas y los labriegos ya pensaban en recoger las uvas.
Del río y el mulo cuanto más lejos más seguro, pensaba un niño de 11 años que se llamaba Domingo Escudero Andía y que, de repente, miró al cielo para atisbar que estaba más negro que un tizón y aquella tormenta que llegaba por La Falconera, si entraba al pueblo, iba a traer agua, mucha agua. Demasiada...
Los chinos, esos que son tantos que si saltan juntos mueven la pelota en la que vivimos, dicen que antes de que venga la riada hay que construir la presa. Pero eso era planificar demasiado en aquel Olite pobre de severa posguerra. El nublado llegó al pueblo en forma tremenda. Tocaron las campanas que en la guerra habían anunciado el paso de aviones tricolores e incendios en el monte. El arrebato alarmó a la población. Las aguas rugían como si fueran hijas del mar y no de un triste regacho. La crecida que llegaba era la madre de la de otros años.
El niño que junto a cinco hermanos vivía en la calle de la Judería se acercó a la tajada del Castillo para ver qué pasaba en el vecino convento de los padres Franciscanos. Se oían gritos y se acordó de El Pelayo. El mendigo era chaparro de estatura y llevaba una boina colorada que delataba su paso por el requeté. Con su colega Rataplán, el otro mendicante que había en el pueblo, acudía a tomar la folla que daban los frailes. Habían convertido el Pórtico franciscano en comedor y en los bancos de la portería pasaban, a resguardo, la noche.
La crecida del río rebosó el Cidacos por el Puente de Hierro, cuyo ojo taponado desvió un cauce que enfiló hacia la estación del tren, entró por los frailes hasta más allá de lo que hoy es su aparcamiento y arrasó las casas baratas del barrio Chino. La tormenta pilló solo a El Pelayo en su dormitorio prestado. Rataplán había desaparecido. El pobre clamaba y clamaba pidiendo ayuda. Había quedado atrapado en el Pórtico y el agua ya le llegaba al cuello.
A los vecinos de El Chino no les iba mejor la cosa. Algunos había colocado sacos terreros a pie de puerta. Pero la medida fue tan inútil que varios acabaron encaramados al tejado para solicitar auxilio. Al pastor Izuriaga le tragó el agua el rebaño que guardaba en un redil en la Estación, donde la casa de Tanco. La virulencia de la corriente era tal que alguna oveja acabó encima del altar de la iglesia de los Franciscanos. El río traía cadáveres de perros, gallinas o caballos. Cutos arrastrados por las aguas llegaban desde Tafalla y pasaban ya a metros de las almenas del Palacio. La tapia de la huerta de los frailes se derrumbó y el templo quedó anegado. El alumbrado público también fundió su brillo. Mientras, El Pelayo continuaba a grito pelado.
El niño Domingo se acercó más a la orilla de la nueva playa de Olite. El camión de Prieto, uno de los pocos que había en la localidad, iluminaba con sus focos el convento. Varios hombres iban a intentar rescatar al mendigo. Se jugaban la piel. Ataron una cuerda de galera a un árbol. Primero pasó José Alegre Martín. Fulgencio Ayesa Llorente, Fulgencín; Emilio Azcárate Leoz, Gonzalo y un sargento de la guardia civil fueron detrás. Con el agua hasta el pecho y luchando contracorriente, los valientes avanzaban de árbol a árbol. Por fin, alcanzaron al pobre Pelayo, que salvó así el pellejo cuando ya rezaba al Santísimo para que acogiera su pecador espectro.
En los bajos del convento también dormía fray Teodorico, el portero del cenobio, para cuyo rescate sus hermanos franciscanos abrieron un boquete en el techo desde el que fue aupado hasta el piso superior. Otro milagro. Los salvadores de El Pelayo fueron condecorados. Previo pago de 75 pesetas del alma, el Gobernador les ofreció una medalla de tercera.
No obstante, y es lo que vale más que la plata de Potosí, durante años los mayores contaron esta historia a los más pequeños como ejemplo solidario de la actuación del vecindario. Siempre hay mil soles detrás de las nubes negras y los de Olite aprendieron que la vida del más humilde mendigo es tan digna como la de cualquier soberano.
Del río y el mulo cuanto más lejos más seguro, pensaba un niño de 11 años que se llamaba Domingo Escudero Andía y que, de repente, miró al cielo para atisbar que estaba más negro que un tizón y aquella tormenta que llegaba por La Falconera, si entraba al pueblo, iba a traer agua, mucha agua. Demasiada...
Los chinos, esos que son tantos que si saltan juntos mueven la pelota en la que vivimos, dicen que antes de que venga la riada hay que construir la presa. Pero eso era planificar demasiado en aquel Olite pobre de severa posguerra. El nublado llegó al pueblo en forma tremenda. Tocaron las campanas que en la guerra habían anunciado el paso de aviones tricolores e incendios en el monte. El arrebato alarmó a la población. Las aguas rugían como si fueran hijas del mar y no de un triste regacho. La crecida que llegaba era la madre de la de otros años.
El niño que junto a cinco hermanos vivía en la calle de la Judería se acercó a la tajada del Castillo para ver qué pasaba en el vecino convento de los padres Franciscanos. Se oían gritos y se acordó de El Pelayo. El mendigo era chaparro de estatura y llevaba una boina colorada que delataba su paso por el requeté. Con su colega Rataplán, el otro mendicante que había en el pueblo, acudía a tomar la folla que daban los frailes. Habían convertido el Pórtico franciscano en comedor y en los bancos de la portería pasaban, a resguardo, la noche.
La crecida del río rebosó el Cidacos por el Puente de Hierro, cuyo ojo taponado desvió un cauce que enfiló hacia la estación del tren, entró por los frailes hasta más allá de lo que hoy es su aparcamiento y arrasó las casas baratas del barrio Chino. La tormenta pilló solo a El Pelayo en su dormitorio prestado. Rataplán había desaparecido. El pobre clamaba y clamaba pidiendo ayuda. Había quedado atrapado en el Pórtico y el agua ya le llegaba al cuello.
A los vecinos de El Chino no les iba mejor la cosa. Algunos había colocado sacos terreros a pie de puerta. Pero la medida fue tan inútil que varios acabaron encaramados al tejado para solicitar auxilio. Al pastor Izuriaga le tragó el agua el rebaño que guardaba en un redil en la Estación, donde la casa de Tanco. La virulencia de la corriente era tal que alguna oveja acabó encima del altar de la iglesia de los Franciscanos. El río traía cadáveres de perros, gallinas o caballos. Cutos arrastrados por las aguas llegaban desde Tafalla y pasaban ya a metros de las almenas del Palacio. La tapia de la huerta de los frailes se derrumbó y el templo quedó anegado. El alumbrado público también fundió su brillo. Mientras, El Pelayo continuaba a grito pelado.
El niño Domingo se acercó más a la orilla de la nueva playa de Olite. El camión de Prieto, uno de los pocos que había en la localidad, iluminaba con sus focos el convento. Varios hombres iban a intentar rescatar al mendigo. Se jugaban la piel. Ataron una cuerda de galera a un árbol. Primero pasó José Alegre Martín. Fulgencio Ayesa Llorente, Fulgencín; Emilio Azcárate Leoz, Gonzalo y un sargento de la guardia civil fueron detrás. Con el agua hasta el pecho y luchando contracorriente, los valientes avanzaban de árbol a árbol. Por fin, alcanzaron al pobre Pelayo, que salvó así el pellejo cuando ya rezaba al Santísimo para que acogiera su pecador espectro.
En los bajos del convento también dormía fray Teodorico, el portero del cenobio, para cuyo rescate sus hermanos franciscanos abrieron un boquete en el techo desde el que fue aupado hasta el piso superior. Otro milagro. Los salvadores de El Pelayo fueron condecorados. Previo pago de 75 pesetas del alma, el Gobernador les ofreció una medalla de tercera.
No obstante, y es lo que vale más que la plata de Potosí, durante años los mayores contaron esta historia a los más pequeños como ejemplo solidario de la actuación del vecindario. Siempre hay mil soles detrás de las nubes negras y los de Olite aprendieron que la vida del más humilde mendigo es tan digna como la de cualquier soberano.
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