martes, 2 de diciembre de 2008

JESÚS MONZÓN, LA OVEJA ROJA

CALENDARIO REPUBLICANO
Olite, diciembre de 1935

En todas familias hay un garbanzo negro o una oveja un poco oscura. Al ilustre y conservador médico tafallés Arturo Monzón Jiménez, con calle principal hoy dedicada en la ciudad del Cidacos, el “corderico” de su sobrino le salió del color más rojo. Tan colorado era el mozo que aquel 25 de diciembre de 1935 se disponía a ofrecer un mitin en la Casa del Pueblo de Olite, donde un grupo de ugetistas daba los primeros pasos para crear el PC local en pleno día de Navidad.
En pocos años el protagonista del mitin de Olite, Jesús Monzón Repáraz, se había convertido en el principal líder comunistas navarro. De familia acomodada procedente de Marcilla, aquel joven que trabajaba en el departamento de Montes de la Diputación había decidido poner toda la carne en el asador para propalar la revolución social en una época convulsa.
El padre de Jesús, Cipriano, había sido un hombre de orden. Junto a Manuel Aranzadi del PNV, se presentó en Pamplona a las elecciones municipales de 1911 e incluso fue presidente de la primera junta del Iruña Buru Batzar. En fin, que nada hacía suponer que el joven Jesús acabara dando mítines por los pueblos o, como hizo también, asaltando a punta de pistola el Palacio de la Diputación para reclamar la dimisión de la Gestora que la gobernaba.
Abogado y funcionario foral, Jesús Monzón Repáraz (Pamplona, 1909-1973) fue miembro del Partido Comunista desde que se implantó la República y ya en 1934 era su principal dirigente. Tanto que, en febrero de 1936, fue el candidato comunista a Cortes por el Frente Popular Navarro.
La organización del PC era minúscula en Navarra. Los militantes apenas llegaban al centenar y solamente había células en algunos pueblos, entre ellos varios de la Comarca como Murillo el Fruto, Carcastillo, Caparroso u Olite.
Tras el golpe de estado de julio de 1936, Monzón fue arrestado en Pamplona. Salvó el pellejo gracias a su amistad personal con miembros de la derecha local. Uno de sus compañeros de trabajo en la Diputación, de credo carlista, actuó por su cuenta y consiguió canjearle por unos prisioneros facciosos detenidos en Gipuzkoa. Después, la Junta de Guerra Carlista se enteró de su liberación y ordenó el fusilamiento del intermediario, muerte de la que no se enteró nadie hasta que acabada la guerra su esposa publicó una esquela en “El Pensamiento Navarro”.
Mientras, Jesús Monzón siguió su senda fuera de Navarra, como redescubrió el periodista Manuel Martorell en la biografía inédita del dirigente publicada por Pamiela. Monzón dirigió el PC de Euskadi hasta la caída de Bilbao en junio de 1937. Fue presidente de la Diputación de Navarra en el exilio y fiscal del Tribunal Popular de Gobierno Vasco.
Mientras el régimen republicano aguantaba la envestida golpista, el pamplonés de raíces marcillesas todavía fue nombrado gobernador civil de Alicante y Cuenca. En marzo de 1939 escapó al exilio argelino en el mismo avión que La Pasionaria.
El navarro, una vez que se instaló en el sur de Francia, preparó la mayor invasión de guerrilleros maquis de la historia. En el otoño de 1944 la incursión fallida penetró en la Península por el valle de Arán. Pero su ascendente dentro del PC se torció cuando se enfrentó a Santiago Carrillo y otros dirigentes comunistas que discrepaban de su estrategia para acabar con Franco.
Detenido en España en 1945, fue sentenciado a muerte lo que, posiblemente, le libró de una pena similar a la que le habrían condenado sus camaradas más ortodoxos. Monzón se convirtió así en un traidor. Sobrevivió aislado de sus compañeros de penal.
Al final la pena máxima fue conmutada por 30 años de cárcel. Tras cumplir once en prisión salió para exiliarse en México. En 1970 regresó y, defenestrado del PCE, se dedicó a la docencia hasta que en octubre 1973 un cáncer de pulmón le llevó, definitivamente, a una discreta tumba del cementerio de Pamplona.

martes, 25 de noviembre de 2008

LOS VASCOS EN EL TORNO DE LA INCLUSA

Parece que el fútbol sirve para algo más que desatar pasiones y ver correr en calzoncillos a una veintena de millonarios. Al hilo de la polémica desatada por la utilización de los nombres “Euskadi” o “Euskal Herria” para llamar a la selección vasca de fútbol y de los distintos comentarios nacidos a rebufo, me ha venido a la mente que el desencuentro semántico hunde raíces centenarias.
El asunto no es baladí y a principios de siglo pasado sesudas testas chocaron por este motivo que, como ahora, esconde subrepticiamente dos modos de concebir el pueblo vasco. Los protagonistas del desencuentro intelectual no fueron otros que dos de los más significativos padres del nacionalismo vasco moderno, el bizkaino Sabino Arana y el navarro Arturo Campión.
Euskadi.- Formado por las voces “Euzko”, vasco, y el sufijo “di”, que da la idea de conjunto o unión, es un término netamente político que surge por vez primera en 1897 de la mano Arana en su obra “Umiaren Lenengo Aizkidia-El primer amigo del niño”. Para el fundador del PNV “Euskadi” no se limita a un territorio. Existe donde una familia vasca se instale bajo el lema “Jaungoikoa eta Lagi-zarra, Dios y Fueros”, es decir se acople a los valores religiosos y tradicionales vascos. La nación es el credo, no el territorio.
Euskal Herria.- A diferencia de Sabino, el pamplonés Arturo Campión entiende “Euskal Herria” como una realidad cultural de raíz histórica. Su primera referencia escrita data de 1571, cuando aparece en la dedicatoria del “Testamentu Berria” que la reina navarra Juana III de Albret mandó imprimir al cura Leizarraga. Otro clérigo navarro, el baztanés de Urdax Pedro de Axular recoge por escrito esta misma terminología en 1643.
Entre 1907 y 1908, Arturo Campión publicó varios artículos contrarios al neologismo inventado por Arana. “Sobre el nuevo bautizo del País Vasco” es uno de ellos en el que discrepa de la doctrina racial y céntrica del nacionalismo bizkaitarra.
El sabio pamplonés contrapone la historia y la cultura como núcleo duro del derecho a la nación vasca que tiene reflejo en el desaparecido Reino de Navarra, única organización política con reconocimiento internacional alcanzada por los hijos de Aitor.
Campión llega a puntualizar que nada le impediría acatar el vocablo “Euskadi” si no hubiera una venerable denominación anterior con una antigüedad arrastrada, al menos, desde la Edad Media. “¿Han salido, por ventura, los baskos del torno de alguna inclusa?”, se pregunta el fundador de la Asociación Euskara de Navarra, a la vez que argumenta que “con el nombre de Euskal-Erria desaparece a una el nombre de euskaldun; a pretexto de restaurar nuestra personalidad vamos borrando la huella que el gigante dejó sobre el suelo sangriento de la historia...”.
En definitiva, que reinventar lo descubierto hace cinco siglos, por mucho que en la CAV sea rentable desde hace 25 años, produce una distorsión de la todavía no hemos salido los herederos políticos del estado

lunes, 17 de noviembre de 2008

DE LA RECESIÓN A LA DEPRESIÓN

Sólo falta mes y medio antes de que caigamos definitivamente por el tobogán de la depresión industrial y por el roto del pantalón nos quede el culo al aire para toda una década en la que la Merindad no se jalará rosco en la creación de empleo de 24 quilates.
Poco tiempo, la verdad, para enderezar el panorama oscuro que pintan los que mueven los hilos de este teatro en el que suben y bajan las bolsas a ritmo delirante, se hincha el paro como un garrafón de 50 litros y la gente no pisa la calle por no gastar suela.
Restan únicamente cuarenta y cinco días para que, con el año 2009 en casa, se haga añicos el mapa de las subvenciones que hasta ahora daba la Unión Europea a las empresas de porte importante que podían instalarse en la Comarca.
Resulta que somos ricos y nosotros sin enterarnos. Así que Europa restringirá el uno de enero las ayudas para la industrialización que prestaba a algunas zonas de Navarra, la Merindad quedará así excluida de los favores y apenas las zonas más deprimidas tendrán opción de albergar una empresa de dimensiones interesantes que absorba un paro que en el último mes rompió en Tafalla la media navarra y dobló la estatal.
A partir del año nuevo, el mapa de apoyo a la industrialización de pata negra se limitará a la zona de Sangüesa, Pirineo, Noroeste navarro salvo Sakana y buena parte de la merindad de Estella. Aquí, nada de nada, por ricos y tener un supuesto nivel de desarrollo dentro de los parámetros europeos.
Por vivir en un próspero territorio en el que, con la honrosa salvedad de Peralta y quizá Caparroso, no se ha sabido o podido crear una industrial potente al margen del dependiente sector de la automoción, avalado por la veteranísima factoría de Fagor-Luzuriaga de la que se ha exprimido hasta la ultima gota de rendimiento.
Ni la planta de biodiesel de Olite, ni las placas solares de Tafalla, ni siquiera los aerogeneradores de la Gerinda que rotan en bolsa, han podido en la última década de bonanza empujar una industria comarcal enclenque. El polígono de La Nava concentró pequeñas y, alguna, mediana empresa que principalmente estaba radicada en el casco urbano de Tafalla y Olite pero tampoco sirvió de motor de mayores alegrías.El “cluster” Ecópolis que podría concebir empleo llega, por su ambigüedad, con el archivo adjunto del eventual riesgo que supondrían convertir Mairaga en un almacén de residuos de la comarca de Pamplona. Además, el nuevo polígono que se proyecta en la carretera de Tafalla a San Martín tendrá que peleárselo de lo lindo para resultar competitivo en un panorama incierto en el que en pocos meses, muy pocos, la crisis económica ha pasado a llamarse recesión, y ésta puede bautizarse pronto como depresión sin que tengamos cerca Prozac con el que atenuar el dolor.

EL RESCOLDO DE LA BRASA, EL EUSKERA EN OLITE

Mientras perviva la brasa todavía cabe la esperanza de que algún día el viento reavive la llama. El euskera fue durante siglos una realidad lingüística en Olite/Erri Berri, tal y como mantiene el traductor y escritor euskadun Fernando Rey Escalera. “En el castellano de Olite permanecen vivas palabras que nos dicen que no hace tanto tiempo las gentes de estas tierras eran bilingües”, asegura Rey.
Fernando Rey es pamplonés pero se siente olitense por los cuatro costados. Su padre y su madre son de la ciudad del castillo e, incluso, alguno de sus hermanos nació en el barrio de San Pedro antes de que la familia se trasladara a Iruña.
Rey, que ha sido premiado varias veces por sus trabajos de traducción literaria, explica que precisamente sus progenitores le han trasmitido un rico vocabulario propio de Olite, “que demuestra que el euskera era habitual en esta tierra y no importado”.
El sustrato vasco de vocablos generalmente relacionadas con los trabajos del campo es rico y variado, si bien se mantiene más en unas familias que en otras. Rey ha recogido varias voces, que también son comunes en algunos pueblos de la Merindad:

Aguatxirri
Aloló
Altxirria
Anderete
Arañón
Arrebutxe
Baldarra
Birika
Gardama
Hamarrako, hamarreko
Hondalan
Hondarra
Irlandar
Kaparra
Kartola
Kazkarria
Klarion
Mandarra
Motilón
Muga
Ñarro
Ñiki-ñaka
Ordago
Patxaran
Piparros, piparras
Potxolo

Sokatira, sogatira
Tabarra
Tiki-taka
Tirria
Txandrio
Txaparro, txaparra (mata / pequeño)
Txarro, txarra
Txintxorrak, txantxigorri
Txipi-txapa
Txirla
Txirria
Txirrintxa (txirrinta)
Txistorra
Txitxi
Txotxolo
Txungur
Zaborra
Zakarro
Zakuto
Zamarra
Zarandilla, sarandilla
Zarrapo
Zarrias
Zikiña
Zirikiar


Además, el traductor destaca que la lengua vasca también ha contaminado expresiones en castellano que no son más que un calco semántico de imágenes en euskera, tal y como ocurre con las palabras que, por ejemplo, se usan en Olite para llamar “burro” al caballete de una mesa, ponerse “ciego” por gustarle algo en demasía, palabras como “mozo-viejo”, “moza-vieja”, “vena” por raíz o “viento negro” para designar el aire que sopla desde la ermita de Santa Brígida.

APELLIDOS Y MOTES

Otro capítulo destacado por Rey es la persistencia durante siglos de apellidos netamente euskaldunes que se mantienen hoy vigentes en la localidad, como Ochoa (lobo) o Gorria (rojo). Para atestiguar esta aseveración Fernando Rey acude al estudio que sobre Olite en el siglo XIII hizo en los años ochenta el filólogo tafallés Ricardo Ciérbide.
La investigación de los olitenses inscritos en un censo fiscal de 1244, una rareza por su detalle en la Europa medieval de su tiempo, revela que están redactados en romance en una época en la que se está configurando la función del apellido familiar.
“Aparecen onomásticos construidos de forma diferente: patronímicos, de procedencia, hipocorísticos…Es especialmente interesante la construcción de apellidos en base a apodos, en vascuence y en romance. Queda de manifiesto, sin ninguna duda, la realidad bilingüe de Olite, donde convivían los dos idiomas”, precisa Fernando Rey.
Entre los apellidos euskaros con nombres de oficio que se dan en la población figuran: Dota Arakina (carnicero), Martín Arotza (herrero), Per Orrazkina (el que hace peines para el ganado), J. Periz Zamargina (que hace frontales para bueyes) o Donnoria Zarrekina (el que hace costales).
Otros están relacionados con los colores: Aparicio Beltza (negro), Arzeiz Uelça (negro), Domingo Gorria (rojo),Pedro Ordiña (urdina: gris, cano), Domingo Zuria (blanco), Domenga Buruzuri (canoso) y Sancho Zuriko (pálido). También aparecen asociados vínculos familiares: Per Anaia (hermano), Aytayona (aita jauna o aitona, señor padre o abuelo) o Garcia Nagusia (el mayor), así como apellidos de condición social: Salbador Zaldunno (caballero).
La población de origen de algunos inscritos en el censo también tiene reflejo en euskera, como, por ejemplo, en los casos de García Iputza (el guipuzcoano), Pero Olletarro (el de Olleta), Salbador Zareko (el de Sada) y Garesko (el de Puente la Reina).
Las cualidades físicas del individuo también conforman el apellido medieval en euskera: Domingo Andia (el grande),Petra Andino, Domingo Arralla (arrala, sabañón), Domingo Borro (carnero de un año), Salvador Ederra (bello, hermoso), Enneco Ezkerra, Ezkerro (zurdo, cacho), Paule Motzezkerra, Gastea (gaztea, joven), Cibrián Inguro (alrededor), Domingo Irasta (iratxe, ira: helecho), Domenga Larru (piel), Sancha Makua (encorvado), Domingo Meea (delgado), Domingo Motza (corto), Garcia Motzo (corto, huraño, triste, feo), Martín Muscarro (muskerra: lagarto), Johan Otxoa (otsoa: lobo), Domingo Otxoko, Otxanda, Sancho Sendoa (fuerte, robusto), Muller Behia (vaca), Pascual Bizagorria (barbaroja), Domenga Bizandia (barba larga) o García Bizarra (barba).
Y, finalmente, el traductor destaca los apellidos olitenses que en el siglo XIII tenían relación con cualidades morales o éticas: Semen Algera
(algara, el risas, el carcajadas), Lopiz Azari (zorro), María Errea (la huraña, la quemada), Bartolomeo Landerra (pobre, miserable), Enneco Lello (lelo: estribillo), María Lotsa (vergüenza), Pero Martín Musko (aguijón), García Putza (orgulloso), Lope Rege (rey) o García Zuhurra, Zuhurro (agarrado, avaro).

UN PREGONERO EUSKALDUN

Rey intervino el pasado 24 de octubre en una charla organizada por la concejalía de Cultura y Euskarabidea donde recordó cómo de niño su padre le enseñó los letreros que anunciaban Olite-Erri Berri a la entrada del pueblo, algunos de ellos ya retirados y no repuestos. También destacó el importante documento que hace cuatro años descubrió el historiador Ángel Jiménez Biurrun en el que, en 1574, un mulero pregonó un bando en vascuence en mitad de la Plaza de Olite, anécdota que precisamente abría la exposición que sobre los euskalkis navarros fue inaugurada en la Casa de Cultura tras la conferencia.

lunes, 3 de noviembre de 2008

MADRID NUNCA FUE TAN HERMOSO


CALENDARIO REPUBLICANO
Madrid, noviembre de 1936

Diez mil cuadros del Museo del Prado y medio millón libros de la Biblioteca Nacional fueron los primeros en salir de aquel infierno. Después lo hizo rumbo a Valencia el Gobierno republicano en pleno. Los militares sublevados cercaban Madrid y parecía inminente su caída.
El noviembre de 1936 el 20% de la población madrileña, unas 6.000 personas al día, huye fuera de la ciudad, mientras los que resisten entierran La Cibeles bajo de una pirámide de sacos terreros que la protege de los bombardeos facciosos.
En contrapartida a los que ponen pies en polvorosa, a la capital manchega llegan miles de voluntarios dispuestos a defenderla. Son obreros, campesinos, sindicalistas, carabineros y guardias de asalto que, en un ambiente de exaltación política, libran una batalla decisiva para que no se desplome la República.
Es un Madrid enloquecido, al límite, que vive una situación irrepetible que puede ser la última y a la que se une, en última instancia, un grupo de combatientes antifascistas reclutado en todo el mundo, las Brigadas Internacionales.
Este contexto resulta enormemente atractivo para toda una pléyade de periodistas que como el corresponsal del diario Pravda, el soviético Mikhail Kolstov, escribe: “Nunca Madrid fue tan hermoso como ahora, como estos últimos días y noches, en que el enemigo lo estrangula más y más con su cerco mortal”.
Muy lejos, en la retaguardia “nacional”, la guardia civil busca en el convento de los Franciscanos de Olite al padre Mendia. La Junta de Guerra de Donostia le ha colgado el sambenito de nacionalista. También, muere en el frente el conocido carlista tafallés Julián Castilla Sánchez, cuya baja desata la represión en las filas de los republicanos de la comarca.
El día 20 vacían la cárcel de Tafalla. Sin que medie juicio previo alguno, sin defensa legal ni presunciones de ningún tipo, 59 presos, la mayoría militantes de la UGT, CNT e Izquierda Republicana, son asesinados y enterrados en fosas comunes en Monreal
Alemania, con el nazi Adolfo Hitler en el poder, e Italia, con el fascista Benito Mussolini cono Duce, son los primeros gobiernos que reconocen internacionalmente la intentona golpista del general Franco, al que prestan ayuda económica y militar.
El 22 de noviembre, las nuevas autoridades del Ayuntamiento de Tafalla organizan un homenaje de agradecimiento a Alemania e Italia, a la vez que se reparten pliegos para que los vecinos certifiquen su adhesión a Franco.
En Olite continúan los requisamientos de propiedades de ciudadanos relacionados con la izquierda, a la vez que el ahora alcalde y anterior concejal carlista durante la República ordena al secretario que compre nuevas partituras para la Banda de Música. El primer gasto de 5 pesetas es para adquirir las que se titulan “Viva el Ejército Español” y “Todo por España”. El Ayuntamiento de Olite también rechaza el recurso presentado por el guarda Santesteban, despedido después de 31 años de servicio con el argumento de que “siempre ha emitido el sufragio para las izquierdas o los nacionalistas”. El mismo camino del paro siguen otros ocho funcionarios municipales que nunca más serán readmitidos, ni reconocidos. Nunca.

viernes, 24 de octubre de 2008

“OLITE FUE BILINGÜE DURANTE SIGLOS”


“La presencia en Olite del bilingüismo euskera/castellano es incontestable. Fue una realidad durante siglos, como en el resto de la Comarca”, según explicó el traductor y escritor euskaldun Fernando Rey Escalera en la conferencia que sobre el euskera y Olite ofreció el jueves pasado en la Casa de Cultura.
Rey intervino en una charla organizada por la concejalía de Cultura y Euskarabidea donde puso de manifiesto que tenía un especial sentimiento a la hora de hablar del tema en la localidad porque “toda mi familia es de aquí y yo me siento de Olite”.
El ponente recordó cómo de niño su padre le enseñó los letreros que anunciaban Olite-Erri Berri a la entrada del pueblo, algunos de ellos ya retirados y no repuestos. Además, trajo a cuenta los numerosos apellidos euskaldunes que hay en el vecindario o el habla que con sustrato vasco le transmitieron por sus padres, que demuestran que “el euskera estuvo vivo aquí”.
Fernando Rey recordó el estudio léxico del tafallés Ricardo Ciérbide sobre Olite en el siglo XIII, así como la pervivencia de montes y topónimos netamente eskaros. También destacó el importante documento que hace unos años descubrió el historiador Ángel Jiménez Biurrun en el que, en 1574, un mulero pregonó un bando en vascuence en mitad de la Plaza de Olite, anécdota que precisamente abre la exposición que sobre los euskalkis navarros fue inaugurada tras la conferencia .
Según Rey, “el castellano no era el único idioma que se hablaba en Olite”, aseveración que ilustró con datos recogidos por Erlantz Urtasun sobre pleitos en la ciudad de curas que querían confesar en euskera en los años 1623 y 1693.
También se adentró en estudios sobre esta realidad hechos en la comarca por el ujuetarra y miembro de Euskaltzaindia, Patxi Salaberri, y terminó con referencias al trabajo investigador de Luis Luciano Bonaparte para manifestar que “en la Merindad el euskera pervivió hasta finales del siglo XIX”.
El conferenciante precisó que “ha habido una convivencia natural del euskera y el castellano en esta tierra. Los apellidos y la historia son importantes para justificar la presencia en lugares como Olite, pero es más relevante insistir en la normalización”.
“No me gusta vivir mirando al pasado. Prefiero insistir en que es mejor saber dos idiomas que uno. Que ésta es la postura inteligente. Tenemos el euskera y el castellano. Podemos querer a los dos, como podemos rezar igual a la virgen de Ujué y a santa Brígida”, explicó gráficamente el escritor oriundo de Olite.
En sus conclusiones, Fernando Rey apostó por “quitar banderas a posturas intransigentes que hacen daño a la cultura y la convivencia. El euskera es un patrimonio de toda Navarra. Estemos orgullosos. Tenemos dos lenguas. Abracemos esta riqueza cultural. El euskera es nuestro. Ha sido una realidad presente en Olite. Es un tesoro de la humanidad a defender. Está comprobado que el monolingüismo empobrece”.
Rey terminó su conferencia con una poesía alegórica en la que Navarra era una casa con dos ventanas. “Evidentemente verá más el que tiene dos ventanas que el que tiene una. Una ventana de Olite fue el euskera, pero quedó tapiada. Con el tiempo podemos volverla a abrir. Yo quiero una casa con ventanas, una casa luminosa y bien ventilada”.

martes, 14 de octubre de 2008

CASIMIRO DE MIGUEL, ESPÍA Y CURA DE UJUÉ


Hace doscientos años, las tropas francesas habían ocupado las principales localidades navarras casi sin efectuar un disparo. La burguesía local colaboraba de buena gana con el ejército de Napoleón. Fue entonces cuando la chispa de la rebelión se encendió y fue precisamente Ujué y su cura, Casimiro Javier de Miguel e Irujo, quienes tuvieron un protagonismo relevante. De Miguel fue excelente espía y torpe guerrillero.
Todo comenzó en julio de 1808, cuando varios ujuetarras robaron a un militar francés y a su mujer cerca de Tafalla. “La descripción posterior efectuada por el oficial implicado sobre la tosquedad de la gente de la Montaña y la de su lengua no dejaba lugar a dudas de que había sido abordado por habitantes de Ujué”, explica el historiador estadounidense John L.Tone en su estudio sobre la guerrilla y la derrota de Napoleón en la Península.
El día 17 de ese mes una columna gala llegó a la villa del Santuario para castigar a sus habitantes. La población había huido y sólo permanecía el cura, el cual usó su dominio del francés para persuadir a los soldados de que no incendiaran la población. Sin embargo, no pudo evitar que cuatro ancianos que no había escapado fueran pasados por las armas y otro más cayera herido.
En su fuga, la gente del pueblo había sacado de sus casas todo el ganado y los alimentos. Llegaron a derramar por las empinadas calles la reserva de agua que almacenaban, así que Ujué se convirtió en un lugar inhabitable y los franceses no se pudieron quedar ni siquiera a descansar.
La Junta que en Aragón se había creado para luchar contra Napoleón intentó organizar a los navarros rebeldes. Ujué ya estaba movilizado a cuenta del enfrentamiento de julio, así que fue fácil formar una partida de vecinos armados que se movía entre la sierra y Carcastillo.
Mientras Napoleón planeaba convertir Navarra un departamento francés más, los campesinos esquilmados por impuestos abusivos comenzaron echarse al monte en defensa de su patrimonio. La Junta Central que canalizaba en el Estado el esfuerzo contra el invasor intentó poner disciplina en el territorio foral y nombró al cura de Ujué su delegado.
Casimiro de Miguel con ayuda de otros sacerdotes, como los de Larraga y la sierra de Alaiz, trenzó una red de espías que iba de Zaragoza a Pamplona, de Baiona a París. Se llegó a comentar que el párroco ujuetarra sabía a medianoche todo lo que se había dicho el día anterior en la mesa del gobernador militar francés que dominaba Navarra. “El sistema de espionaje de Miguel contaba con la ventaja de la lengua vasca, común a los campesinos de ambos lados de los Pirineos”, destaca Tone en su estudio presentado en la universidad de Georgia (EE.UU.).
De Miguel era buen espía pero mal soldado. No participaba directamente en la lucha y por ello, entre otras cuestiones, no consiguió la autoridad moral necesaria para convertirse en un líder guerrillero, papel que asumió el joven Javier Mina a quien tras su detención sustituiría su tío, el famoso Francisco Espoz y Mina.
En cada pueblo navarro, el cura de Ujué y Javier Mina tenía espías, que con frecuencia eran el alcalde o párroco de la población, y que por sus confidencias recibía un sueldo regular. Las bajas de la batalla eran generalmente exiguas en el lado navarro, aunque los franceses compensaban este déficit ejecutando guerrilleros y civiles, como ocurrió en la Plaza de Olite con el fusilamiento de ocho padres de voluntarios.
La posición del cura de Ujué como cabeza del espionaje y del sistema de abastecimiento de la guerrilla llegó a conocimiento de los franceses y De Miguel consideró oportuno salir de Navarra. El clérigo consiguió ser elegido representante del viejo reino en las Cortes reunidas en Cádiz. En menos de dos meses, como resultado del abandono de la red de espionaje que había tejido el cura, en una celada en el Carrascal cayó en manos francesas el responsable militar de la subversión, el joven Javier Mina que años más tarde moriría fusilado por los españoles en México cuando luchaba por la independencia del país azteca.
El Corso terrestre, los voluntarios navarros que habían luchado con Javier, prácticamente se disolvieron tras la caída del cabecilla. En abril de 1810, de los 900 guerrilleros, sólo su tío Francisco Espoz y Mina y otros seis combatientes seguían empuñando las armas, entre ellos el olitense Manuel Gurrea y el tafallés Luis Gastón.
Espoz y Mina consiguió recomponer la guerrilla, que a partir de entonces se llamó División Navarra, y en meses reorganizó todo un ejército mayor incluso que el de su sobrino. En agosto de 1810, el antiguo cura de Ujué regresó a su tierra tras una prolongada ausencia. Portaba órdenes del gobierno de Cádiz para tomar el poder de la guerrilla local, movimiento que Espoz y Mina interpretó como una afrenta a su autoridad.
La falta de experiencia militar de Casimiro de Miguel se puso de manifiesto rápidamente. El religioso decretó impuestos e intentó recaudar bienes en la zona de Estella. Mina se rebeló contra el cura de Ujué. Reasumió el mando de la guerrilla, arrestó a De Miguel y lo deportó a Palencia, donde cayó enfermo en la localidad de Cervera de Río Pisuerga y murió el 5 de diciembre de 1812 .
Francisco Espoz y Mina se convirtió así en el “pequeño rey” de Navarra, a la vez que recibió el reconocimiento formal de la Regencia de Cádiz. El cabecilla de la guerrilla acabó el conflicto como el más preciado héroe navarro, mientras el cura que trasformó la atalaya de Ujué en un nido de espías pasó en la historia a un discretísimo segundo plano.